De chascos y otros cuentos de media noche

Por supuesto, no puede haber paseo sin chascos y mucho menos si el «paseo» en realidad es la vida. Aquí el breve resumen de mil cosas que han salido mal pero al final ni tanto.

Empecemos por mi cabello

Encontré un estilo bien cortito que me gustó pero como estoy en transición a mi ondulado natural, en Lima decidí ajustar el corte un poco.

Miraflores, hairbar. Dije «mi pelo se merece que lo traten bien, vamos a darle una renovadita». Le expliqué a la peluquera lo que quería, me rapó la parte de atrás, ok, empecé a mirar el celular. De repente siento un tijeretazo arriba de mi oreja, miro el espejo y le digo «qué estás haciendo??», la vieja sigue cortando sin mirarme «pues dándole forma». Yo abro los ojos y le digo «No! Para!!!».

Bueno pues ya era demasiado tarde. Ya me había cortado mucho (MUCHO) más de la cuenta y no había nada qué hacer. La vieja dice «todo el cabello corto es liso, por qué no te lo alisas?». Yo tenía ganas de coger las tijeras y metérselas a la yugular así que me paré y fui al baño. Me miré al espejo y me puse a llorar.

Nunca había llorado por mi pelo. No sé si a los hombres les pasa, pero en muchas ocasiones cuando las mujeres lloramos no es por una sola cosa, sino porque esa cosa desencadenó un cúmulo que había detrás. Como la chica del video-meme: «lloro por todo el pelo mal cortado, lloro por todas las amigas a las que les han mal cobrado, a las que les achilaron el pelo, a las que nunca les volvió a crecer igual. Lloro por todas las que lo cortaron porque terminaron y luego se arrepintieron de la cerrada de ciclo. Lloro por todos los hijueputas que nos hicieron llorar porque van a seguir haciéndolo».

Pero no, ese no era el caso: yo acababa de llegar de un súper fin de semana en las dunas de Huacachina, donde conocí a un holandés tropical y yogui que me hizo un masaje anti-estrés. Hacía unas horas había visto focas bebé aprender a nadar. Estaba viendo paisajes increíbles, el equilibrio con el trabajo estaba funcionando: estaba feliz. Lloré por mi pelo, sólo por mi pelo; porque me quitaron los rulitos que se demoraron 5 meses creciendo y porque me veía como una loca con la mitad del pelo cortado y la otra no. Lloré porque las mujeres muchas veces nos respaldamos en nuestro pelo, para sentirnos seguras y lindas, y yo ya no tenía nada que agarrarme ni para coquetear.

Al fin de cuentas el salón de belleza me dió un tratamiento para el cabello, me ofrecieron un cambio de color (claro señora, obvio quiero que aparte me lo tumbe con una decoloración. Espere ya le pongo mi cabeza en sus manos de nuevo 🙄), y me terminaron el corte para que quedara «menos» trasquilado.

Al día siguiente llegó una amiga muy querida y aparte de burlarse, me animó un montón porque, como siempre, uno se ve más lindo en los ojos de los demás que en los propios. Y de todas formas con todo y sin pelo «levanté». Guiño guiño.

Sigamos con Machu Picchu

Además de que una llama me mordió un dedo (no fue aterrorizante sino lindo, y aparte fue mi culpa por darle fruta de contrabando), no hay nada malo de ese chasco. Nos cayó un aguacero infernal, se nos mojó hasta el alma y bueno, esperamos a que escampara. Cantamos como locas «Colombia tierra querida», vallenato, reggaetón y básicamente cualquier canción que se nos viniera a la cabeza mientras la gente malacarosa y mojada nos miraba. Hubiéramos podido amargarnos y sentirnos infelices de haber ido hasta la porra para mojarnos, pero gracias al cielo estaba con una persona igual de agradecida a mi.

Nos sintonizamos en la locura, nos divertimos y sacamos energía de dónde no había. No hay nada que quisiera cambiar de esa experiencia.

El chasco mayor

Sé que prometí una lista, pero en realidad han pasado tantas cosas que sin contexto la lista se ve bien pendeja.

Por ejemplo, me dió gastroenteritis pero estaba en el mejor airbnb del mundo y mi host no sólo me consiguió médico, sino que me compró el antibiótico y la mamá me hizo sopa de pollo. Hice una amiga de por vida y terminé enseñándole a hacer arepas. También llegué a un hostal medio paila donde una francesa se levantó empelota a media noche a prender la luz, me robaron los únicos condones que tenía, y bueno, seguiría interminablemente con más pendejadas.

El chasco mayor se presentó sin anuncio el Lunes pasado. Me desperté con un video de mi jefe, anunciándome que la operación cerraba porque teníamos demasiados problemas financieros y las cuentas estaban básicamente embargadas. Trabaje 11 horas ese Lunes, pero sólo hablé con él hasta que tuve todo en orden porque el ataque de pánico no me dejaba tener esa conversación y seguir respirando.

Hablé con todos los amigos y conocidos a los que había contratado de una u otra forma, les di la noticia, les terminé contrato. Dejé un informe listo. Cuando hablé con mi jefe, un holandés calvo y atlético con pinta de Lex Luthor (pero buena persona), y le vi la cara que tenía, caí en la realidad de que no tenía trabajo. Se me abrió un hueco en el estomago: tres meses atrás había hablado con él sobre mi viaje por Latinoamerica, no vió problema y al contrario se emocionó con mi aventura. Pero ahora estaba ahí, al sur de Perú, esperando hacer el paso a Bolivia, con los tiquetes de bus, con el permiso para faltar unos días e irme al desierto de Uyuni, después de haber comprado regalos para mandar a Colombia, sin ahorros. Terminando mi única relación estable con un hombre, porque han de saber que mi jefe pasaba más tiempo conmigo que con la novia, trasnochábamos juntos, se emocionaba con los lugares que iba a visitar. Y todo lo que yo hacía tenía retribución! En fin.

Un amigo me llamó e inesperadamente me ofreció estadía en Los Ángeles. Una posibilidad de asentar el cambio, buscar trabajo, no devolverme con las manos vacías. Al día siguiente y sin esperar confirmación, mi jefe (ex-jefe) me compró el pasaje, mi amiga me ayudó con el vuelo a Lima. El Miércoles compré un tiquete de salida a México. Y ahora estoy aquí, a punto de tomar un vuelo de 13 horas hacía el destino al que más miedo le tengo…

La primera y única vez que estuve en Estados Unidos fueron casi dos meses. Me fui enamorada, a ver al disque amor de mi vida. Me fui con una sonrisa en la cara y no me cambiaba por nadie; volví en pedacitos y sin un peso, a pagar la travesía. Los Angeles me pareció una ciudad dura y lo primero que se me viene a la cabeza cuando la pienso es el sonido de la madera del cuarto donde dormía, el sabor de las gomitas lifesaver más deliciosas de la existencia y el olor de la almohada, que por supuesto olía a él. Pero no se equivoquen: vuelvo tranquila porque mi motivación real nada tiene que ver con ese episodio, mi ansiedad radica en lo inmediato y el no saber bien qué carajos voy a hacer. Mr. Perfecto ya no habita en este continente ni en el continente de mi corazónth hahaha.

Por la facilidad en que todas las cosas se han dado, así tan inesperadamente, estoy segura que la vida está por mostrarme algo que seguro estaba dejando de lado. Sería bien irónico que contra todo pronóstico algo saliera en la ciudad de las estrellas, pero nunca se sabe, no? Las oportunidades siempre están ahí, sólo hay que buscarlas #HoliBuscoTrabajo #TengoBuenaCV #SoyBuenaTrabajadora #Aiuuudaaa

Si algo he aprendido de los chascos, pequeños y grandes, es que algo bueno se puede sacar. Así que: por ahora queda pausado el viaje por Latam, pero sigan pegados porque igual falta sacar tooodos los itinerarios de Ecuador y Perú. Ahora se vienen más aventuras, sólo que en otra región.

Gracias por seguir leyendo.

Besos

P.d: Se me había olvidado el soundtrack. Algo tipo I can’t quit.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. CLAC CRUZ dice:

    Excelente!!! Ser agradecidos a pesar de las circunstancias permite que la energía, el animo, la esperanza….. avance, transforme y mejore. Gracias a Dios Danna fue a acompañarte y ambas sacaron lo mejor de lo mejor. Qué está etapa de tu viaje de vida te permita encontrar y aprovechar de la mejor manera las oportunidades. Alimentate bien fisicamente y que tu alimento espiritual y anímico te permita aprovechar todo lo bueno!!!!! Super Lili.

  2. Javi dice:

    No sabía que existía la palabra «tiquete».

    1. De dónde me escribes? Sinceramente no sé si me estás jodiendo o es real la pregunta

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