Rota

Me gustaría que mi retorno a escribir fuera una historia divertida y cómica, como suele suceder, pero no. En primer lugar decidí auto-censurarme por un tiempo, intentando evitar herir sensibilidades por las aventuras en que andaba. Craso error, empezando porque fue una decisión basada en las necesidades imaginarias de alguien diferente a mi, la que escribe. Duh.

Vengo triste y, como he empezado a comprender, la tristeza no es mala, simplemente hay que dejarla fluir y darse cuenta por qué está ahí: como los dolores en el cuerpo, simplemente es un mecanismo de alerta sobre algo que puede estar mal y necesitamos pararle bolas. Siento que mi tusa no tiene un nombre, no es por Pepito o Panchito, a lo largo del año me he dado cuenta que es una tusa por mi.

Sí, por loco que suene, la tusa no es por alguien más que por mi, por darle amor y confianza a personas que definitivamente no la merecían, por quedarme en situaciones que evidentemente no me convenían, por dejarme tratar con irrespeto, en todo sentido. Para la muestra un botón: vengo con una historia nada divertida pero que para mi es importante contar.

Mi vida sexual empezó a los 18 años, y no inició porque a mí se me diera la gana, no, sino porque un Malparido (creo que concordarán con el título), mi novio del momento, se aprovechó de mí cuando estaba borracha. Pasó hace 12 años. No me considero una víctima y en nada cambia esto lo que soy o lo que opinen quienes me conocen. Si lo estoy contando es porque recientemente tuve una pésima experiencia con alguien a quien quería, y creía que me quería, y he decidido que nadie tiene derecho a usar mi historia y mis sentimientos en contra mía.

Había salido del colegio, uno femenino católico que de educación sexual no me había enseñado un culo, acababa de entrar a la universidad, estaba haciendo amigos nuevos y me escapaba de la casa para poder salir porque mi papá odiaba que yo hiciera algo diferente a estudiar, trabajar o dormir. Andaba sin un peso, tenía un novio medio chanda, estudiaba en la universidad más cara del país. Ese era el panorama general.

Abuso, sí: abuso fué. Muchas palabras por las cuales decirle, no quiero entrar en tecnicismos, pero me parece que cualquiera entenderá que si una persona no está consciente, no puede sostenerse o moverse, no puede ni hablar, pues está indefenso y evidentemente no tiene poder de decisión o protección. Claro, cualquier persona excepto una machista: como un man que cree que el título ya le da derecho a hacer lo que le dé la gana con el cuerpo de la «pareja» así esta no quiera, o que piense que si da un beso tiene que dar más porque«para qué se pone en esas»,  o que piense que «si da papaya» o «se viste así» pues qué puede alegar.

Quisiera que los lectores hombres entendieran, que las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres son realmente importantes. Principalmente porque el órgano sexual femenino es un órgano interno, porque por el simple hecho de no tener contacto con epidermis sino otro tipo de tejido nos hacemos mucho más sensibles a enfermedades, y porque ustedes entran, y el acto es completamente invasivo por definición. Ahora señores, imagínense que un desconocido mucho más fuerte que ustedes les quiere meter cuatro dedos por el culo, cómo se sienten? Imagínense que están tan ebrios que no se pueden parar, y ahí al lado está el man, que quiere meterles 4 dedos por el culo. Suficientemente invasiva la idea? Podría hacer comparaciones más grotescas y específicas pero esto no aporta en nada, realmente no sé cómo hacer que un hombre intente ponerse en el lugar de una mujer. Con que al menos traten de pensarlo desde otro punto de vista basta.

¿Estaba tomando? sí, y ¿estaba con su novio? sí, ahhh pues quién la manda! Quién la manda? O sea, quién la manda a confiar en que un ser humano que se supone que la quiere, la va a cuidar y a respetar, eso es lo que quieren decir me imagino. O quién la manda a salir con un pobre hombre, animal incontrolable que no es capaz de razonar cuando tiene algo de deseo sexual? Por favor! Ganas de contarle a alguien? A quién putas? A mi papá que me hubiera acabado a palo, me habría echado la culpa, me hubiera prohibido salir de mi casa por 10 años y además se habría ido a matar a golpes al hijueputa? A mi mamá para que nos pusiéramos a llorar y me mirara con cara de pesar? O depronto a los nuevos compañeros que hasta ahora estaba volviendo amigos? O a mis amigas del colegio, igual o peor de atembadas a mi? Nigga please.

Que las mujeres tienen la culpa por no denunciar. Malparidos, hagan el favor de callarse la jetica. Si no han estado en una situación de choque similar no saben la cantidad de cosas que uno puede pensar, sentir e imaginar, además sabiendo a ciencia cierta que le van a echar la culpa. Incluso, uno ni siquiera está seguro bien de qué pasó, cómo se siente, qué le duele más, si el cuerpo, la confianza o el amor propio. Yo no recuerdo casi nada, sólo la sensación en mi cuerpo de que algo estaba mal y mi rechazo a tener a esa persona cerca. Realmente no imagino cómo puede ser la experiencia de un abuso con plena consciencia, con posibilidad de resistencia, con violencia. No puedo ni pensarlo, me dan ganas de vomitar.

Evidentemente le terminé aunque no de inmediato, porque estaba muy confundida y el man actuaba muy normal pero yo simplemente no podía ni estar cerca de él. No podía, no quería, me sentía mal, me enfermaba. Pasé de estar muy enamorada un dia a estar vuelta mierda al otro. Le terminé. El man me perseguía, me llamaba, me escribía, amenazó con suicidarse. Yo nunca quise hablarle de lo que estaba mal, de lo que había hecho mal. Yo solo quería que desapareciera de mi vida. En mi cabeza nada había pasado, necesitaba estudiar, pensar otra cosa.

Ahora viene la siguiente parte, la de por qué conté esta historia.

En la universidad hice un amigo, bueno hice varios, pero tenía un amigo especialmente cercano por el que empecé a sentir algo. Por qué en ese momento? Ni idea, uno hace vainas que no entiende. Me cuadré con él, el niño Chango. Para mí tenía sentido: supuestamente uno tiene las mejores relaciones sentimentales con un amigo, era becado también, teníamos casi la misma edad, íbamos en segundo semestre, ambos eramos pilos, ocupamos hasta el mismo puesto del ICFES. Todo escaló a que yo fui la primera vez del man (no sabía, él no me dijo hasta mucho después), y él fue mi primera vez consciente. Ojo a eso, consciente. Yo le dije que no me acordaba de nada, que en parte era verdad, no me acordaba de cosas, y de lo que me acordaba no quería acordarme o hablar. Fue la única persona a la que le conté algo, no creo que gran cosa, pero él aún hoy, este año, se burló del termino «consciente», entre comillas.

La relación duró muy poco, unos 4 meses, y terminó muy mal para mí, tanto que ni siquiera me acordaba de cómo habíamos terminado, hasta que hace unos meses, él mismo me recordó. Sólo me acuerdo de las cosas bonitas, como el primer beso de los dos. Todos esos meses en terminos afectivos fueron borrados, porque he intentado, pero no me acuerdo de mucho.

A mi siguiente novio le conté un «remix» de lo que me pasó porque yo no quería hablar de eso pero sí sentí la confianza para decirle y él afortunadamente nunca me presionó por información, nunca me miró diferente, a alguien que él conocía le había pasado algo similar. Me da pesar que se entere así, al igual que me da pesar que El Churrito se entere así también, si es que llega a leerme, porque él ha sido el único hombre al que virtualmente le habría contado todo, sin dudarlo. Pero la relación fue siempre tan linda y respetuosa que no sentí la necesidad de tocar ese tema, ya tantos años después.

Que por qué no soy una persona traumada con el sexo? No sé parce, no sé. De hecho necesito sentir contacto físico cuando estoy en una relación, me gusta sentir la cercanía del otro, abrazar, consentir y me dan ganas de tener sexo todo el tiempo cuando tengo pareja arrecho-afectiva. Todo el tiempo, ni siquiera porque esté enferma: realmente debo estar mal sentimentalmente para no querer estar con alguien a quien quiero. Al principio necesitaba tomar para poder tener acercamientos, es decir, necesitaba algo de licor para relajarme (paradójicamente) y sentirme en confianza de dar un beso y más adelante hacer algo más. Lo cual fué extremadamente fácil de ignorar porque durante la universidad (mi etapa ingenieril) todas las salidas a rumba eran para tomar alcohol y levantar, o todas las salidas de levante incluían alcohol y a mi me parecía súper normal.

Recuerdo una vez que estaba saliendo con el man del Tequila, Iron Man. Fui a su casa una tarde, tomé aguardiente (creo que yo misma lo llevé) y de un momento al otro nos comimos. Era la primera vez, pero se sintió como algo que tocaba hacer. Cuando hablamos me dijo «viene una vieja a mi casa, toma guaro, pues era obvio lo que querías entonces no entiendo por qué te vas a sentir mal». Yo tampoco lo entendí entonces, pero viéndolo en perspectiva ahora sí lo entiendo.

Mi primer One night stand fue con mi traga de la universidad. Un tipo muy inteligente que me encantaba, física y mentalmente. Todo se dió sin pensarlo, y, curiosamente: estábamos borrachos. Para ese entonces cero remordimientos, estaba en otro lugar emocional, pero para mí el sexo siempre ha estado ligado a la afectividad; tuve parejas sexuales pero siempre necesité que fuera alguien conocido, un amigo, alguien del trabajo, un man con el que hubiera hablado al menos durante un mes, algo de contacto. Ahora que me he puesto a analizar esa parte de mi vida, me doy cuenta de todos los daños que me hice por no pararme a pensar qué estaba haciendo, qué me dolía. Por haber negado lo que me pasó y procesado a las malas trás bambalinas. Estuve casi 5 años sin una relación de verdad, hasta cuando llegó el Churrito.

La historia realmente triste es la siguiente: El Chango volvió. Nosotros tuvimos un tipo de contacto maluco mientras estuvimos en la universidad, en el cual yo lo mandaba a la mierda durante un tiempo, luego las cosas se calmaban, volviamos a hablar, en algún punto él me trataba duro o mal y de nuevo yo lo mandaba a la mierda. Incluso fuera de la universidad apareció un par de veces para pelearme en este mismo blog. Llevábamos unos 6 años sin hablar, y reapareció este año con un gesto amigable, hasta coqueto. Pensé, por qué no verlo? Saber qué había sido de su vida.

Hablamos, cantamos, nos emborrachamos y nos acostamos, cosa que a mi me pareció divertidísima. Morí de risa durante una semana contandole a mis amigas, que por supuesto se acordaban del Chango y no lo podían creer, y estaba guardando el bombazo para contarle la historia completa a mi amigo Antoine, que se ha burlado toda la vida de mi imagen en El Bobo intercambiando babas con ese man.

Fué extraño volver a estar en contacto con una persona con la que siempre sentí una cercanía muy particular, era como tener confianza automática, comodidad física instantánea. Le dejé claro que había sido cosa de una vez, que no me arrepentía, pero que no se iba a repetir. Habíamos cerrado la década de los 20.

Parecía completamente sincera su intención de volver a ser amigos, hace años no le hablaba tan sinceramente a un tipo, era como si estuviera hablando con mis amigas de toda la vida. Él estaba pasando una tusa importante, yo estaba pasando una tusa importante, me pidió perdón por cosas que había hecho antes y me dijo cosas que me cambiaron completamente la perspectiva que tenía de él. Incluso me introdujo a el libro del año, que les recomiendo leerse. Por primera vez en todos esos años lo vi como una persona trabajadora, de buenos sentimientos, consciente, madura. Pensé que la vida le había dado muchos golpes y que igual que a mi, nos había hecho cambiar, ser más conscientes. Me alegró retomar el contacto.

Dos meses estuvo insistiendo en salir y tomar algo. Una vez se quedó y dormimos totalmente arrunchados sin que nada pasara porque yo no quería. Dos veces hizo comentarios burlones, en tono y significado -uno tomado, cuando se quedó a dormir, y otro sobrio- sobre que él había sido «mi primera vez consciente», guiño-guiño, que en realidad no había sido primera vez de nada. A lo cual ninguna de las dos veces supe qué decir porque hacía tanto tiempo no había pensado en eso, que no supe ni qué coños me estaba removiendo con lo que decía.

Por dos meses le dije que no quería nada y luego quise: acababa de ver a Mr. Perfecto con otra vieja, masajeandole las piernas, aquí en Bogotá. El Chango vino a hablar y salimos a comer, me sirvió tanto la charla que seguimos, se quedó a dormir, nos arrunchamos, nos comimos. Yo llevaba 40 días de pureza, porque había decidido no tener sexo con nadie hasta que me equilibrara emocionalmente, y porque había estado hablando con Mr. Perfecto de nuevo.

Nos enrollamos tres semanas, él decidió hacer campamento en mi apartamento el tiempo que quería: venía el Viernes y se quedaba hasta el Domingo cuando en algún punto lo echaba. Un fin de semana le propuse comer brownie de marihuana y todo se enloqueció: me dijo que me quería y que le gustaba, yo lo traté mal, le dije cosas en un sentido de superioridad horrible, desde mi miedo a sentir algo. Hablamos, él no se acordaba, le pedí perdón ya en sano juicio, se quedó otro día. Luego vino a quedarse conmigo el Lunes siguiente y el Jueves antes de irse de viaje, y ambos días tuvimos una cercanía vertiginosa. Nos demostramos todo el cariño que teníamos guardado y se sintió tan bien que yo ni quise pensar.

Mientras estaba en otro continente me llamó un día, completamente borracho, a decirme que yo era perfecta, que le había gustado hacía 11 años, que siempre le había gustado. Que le daba miedo, que yo lo enamoraba y que él tenía miedo de tener una relación, que yo estaba entusada y eso podía ser muy malo. Que se sentía en casa conmigo. Que tenía ganas de tener sexo con otras personas y que no quería decepcionarme. Que no quería tener un compromiso. Que quería que nos fueramos de viaje. Que yo qué quería con él. Que me quería. Me habló hasta que llegó a la cama del hotel a acostarse, yo le dije que lo quería. Me habló al siguiente día para contarme que tenía guayabo, yo le mandé un mensaje diciéndole que habláramos de todo cuando llegara, que al fin de cuentas él estaba en otro país y que podía hacer lo que le diera la gana, y luego él básicamente se abrió. Cuando llegó le dije varias veces que lo quería ver y me dejó en visto.

Volvimos a vernos a las 4 semanas: un mes después de que todo hubiera estado en su punto más álgido y loco. Se quedó todo el día siguiente y a pesar de que era día laboral yo tampoco quise trabajar. Le dije todo lo que le había querido decir. Hablamos como siempre, fué muy chévere contarnos todo: yo había tenido un amor de verano con un Suizo que conocí en uno de mis paseos, él se había acostado con otras dos viejas. Yo había tenido EL enredo mental y sentimental porque el Suizo apareció de la nada, hubo conexión y fue algo fugaz, pero sentía muchas cosas por él. Su propuesta fue básicamente tener sexo cada vez que él quisiera dentro de la rotación de viejas que tenía disponibles (o que podía conocer), y yo le dije que no me servía ni era lo que quería, y que no era capaz de tener algo con más de una persona o de tener sexo con alguien que estaba con más personas. Quedamos de amigos. Sólo amigos, buenos amigos. Yo decidí que quería hacer terapia y chequear mis decisiones afectivas.

Al dia siguiente me empecé a sentir muy mal. Le conté. Había estado en otras dos ciudades, una con mar, me había depilado, me había quemado, pero tenía miedo de que fuera algo más y que fuera por culpa de él. Discutimos. Nos hablamos fuerte, no creo haberlo manejado con mucha inteligencia emocional ni racional: al principio preferí no decir nada varios días para no embarrárla y luego respondí mal. Básicamente le eché la culpa. Él en su retaliación se pasó del límite. Era evidente que ambos estábamos alterados. Escaló. Primero hizo un comentario pretendiendo hacerme sentir mal porque el malparido que abusó me había pegado un tipo de VPH, el cual se le pegó a él y yo no supe sino hasta ahora, 11 años después.

Me dolió tanto que no quise volver a hablarle, le respondí un par de preguntas porque me sentí culpable. Un par de días después decidí escribirle antes de cortar comunicación. Le escribí que sólo escuchaba lo que le daba la gana, que era un hijueputa por haber sacado ese tema de esa forma, y no por su mamá porque si algo bueno tenía eran los papás. Le dije que si yo estaba enferma era por su irresponsabilidad y por MI irresponsabilidad. Que era una mierda de persona y que cuidara a las personas que lo querían porque eso hacía uno cuando respetaba a alguien. Lo bloqueé de whatsapp, lo eliminé de redes sociales. Me respondió por mensajes de texto, diciéndome que me llamaba en una semana cuando se me pasara la pataleta.

 

Ahí no sólo invalidó lo que le dije (evidentemente le escribí algo extenso): ignoró la solicitud de no querer hablar y además le restó importancia a la cagada que me dijo. Escribió que haber sacado ese tema fue inoportuno y errado y que había pensado pedirme perdón cuando yo le contestara. Siguió escribiendo cosas, con odio y rabia. Yo me sentí tan mal que exploté en algún punto y le escribí: «usted es un hijueputa por echarme en cara que me infectaron de una mierda cuando me violaron imbécil. No quiero hablar más con usted, no se da cuenta del daño que me hace, de verdad. No quiero tener contacto con una persona que me trata como usted lo ha hecho, me duele mucho todo lo que ha pasado. Y no, no lo digo en un ataque de histeria ni nada, se lo digo porque eso siento y pienso».

Él respondió: «A mí usted nunca me dijo que la violaron. Cómo acomodamos las cosas para seguir quedando como víctimas y seguir insultando, no?». Y yo me rompí. Me rompí, no puedo decirlo de otra forma. No sólo era la primera vez que usaba esa palabra, que evidentemente salió de la rabia y la tristeza que sentía, sino que me hice consciente de lo que había pasado. Dos palabras que odio: volación y víctima, y ambas viniendo de una persona que quería, a la cual le tenía confianza. Una persona que estaba usando una situación horrible y completamente personal para ganar una pelea, y con la intención explícita de hacerme sentir mal.

Malparido. Eso fue todo lo que pensé. Necesitaba decírselo, no escribirlo. Lo desbloqueé para mandarle una nota de voz, que yo pensé iba a salir fría, con odio. No me había dado cuenta de lo mal que estaba, hasta que grabé la nota y la escuché. Ahora no sólo lo había vuelto a insultar, sino que además le había mostrado mi debilidad: había llorado, le había hablado rota. Malparido. No sé cuántas veces le dije malparido o hijueputa, pero fueron muchas. Las groserías no son mi fuerte, pero en este caso creo que en lugar de agregarle al mensaje le quitaron, porque seguramente el man se quedó con la idea de que yo era una grosera y ya, y no cayó en cuenta de la mierda que hizo.

Él fue la primera persona a la que le conté, la única, hasta hace unos tres años que le dije muy por encima a una de mis amigas de toda la vida, y luego no sé ni cuándo le mencioné a mi otra mejor amiga. Hacía años no pensaba en eso hasta ese momento.

Me rompí.

Creo que muy pocas veces he sentido odio en mi vida, y ha sido por instantes. En realidad el sentimiento que queda es tristeza, pero el odio es como la ira: momentáneo, explosivo. En principio no lo odio, me da malestar pensar que compartí mis sentimientos y mi cuerpo con una persona que quiso utilizar eso para herirme, porque además lo logró.

Ahora, que una persona a la que uno le ha dado total confianza diga eso? piense eso? Entiendo que hace 11 años fueramos aún unos culicagados, que ninguno de los dos supiera qué hacer, que yo estuviera en negación, que no quisiera hablar del tema y él no quisiera o siquiera supiera qué carajos preguntar. Que ninguno hubiera dimensionado la gravedad del asunto o lo importante que podía ser. Pero ahora, con casi 30 años encima, después de haber convivido años con una mujer, haber tenido diferentes parejas, ser un profesional, entender qué es la vulnerabilidad: no se vale hacerle eso a otra persona. Menos aún a alguien que lo quiere, que le ha dado su confianza.

No hay excusa, no la hay.

No la hay para el malparido que lo hizo, eso es seguro. Y no la hay para el malparido que pretende usar algo tan grave para desquitarse. Puede que haya tenido un error de juicio, que en esencia no sea una mala persona, pero para mi no hay excusa. Fué un golpe demasiado bajo, con eso no se juega.

 

Y ahí está la vida, que siempre está dispuesta a abrirle los ojos a lo que uno definitivamente no quiere ver. Dónde quedo yo si soy YO la que escoge a esas personas en ese estado emocional de mierda? A personas que hablan de esa forma, que hieren de esa forma?

Evidentemente hay cosas que tengo que solucionar, yo sola, antes de tener una relación con alguien más. Y si no lo hago ahora, a qué putas estoy jugando? A darle el poder de hacerme daño a alguien porque le dí confianza? Porque algo malo me pasó? La retrochimba como diría Doña Gloria. Si no tomo esta mierda de oportunidad para hacerme más fuerte y ser consciente de todo lo que necesito cambiar, entonces cuándo? Me he roto muchas veces, y me he vuelto a pegar. Estoy triste, sí, mucho, pero en realidad estoy triste porque en el lapso de un año me dejé romper de dos personas a las que quise, y fui yo quien se los permitió.

 

Haciendo el recuento de mi vida amorosa, mi tendencia es escoger a personas que no están disponibles emocionalmente. He tenido 5 novios: uno decente, uno espectacular. He tenido 3 cuentos importantes, sólo uno lo suficientemente maduro para terminarlo antes de complicarlo. De 8 personas con las que he tenido una relación, 6 han sido medio chandas y como mínimo la relación no ha sido equitativa, eso es el 75%. Como agravante las relaciones de este y el año pasado: los que se desquitan fácilmente con actos o palabras buscando herir, los que consideran que están por encima (en opinión, valor del tiempo, incluso inteligencia), los que consideran que deben tolerarme.

Les traigo dos revelaciones básicas para su vida sentimental: mientras no consideren que la persona con la que están es un igual, nunca van a tener una buena relación. Mientras piensen que deben tolerar a su pareja, nunca van a tener una buena relación.

Interactuar desde la superioridad indica descontar todo lo que la otra persona es, siente, dice, hace, porque en el fondo quien se siente superior no valora lo que el otro le aporta: es algo menor. Relacionarse desde la inferioridad significa siempre tener que hacer más, dar más, no valorar lo que uno da y poner primero al otro, por encima de uno mismo, siempre.

Tolerar las opiniones de los demás se vuelve una obligación pero en el fondo quien tolera cree que él tiene la razón y que está haciendo una concesión, un favor. Respetar es interactuar sin ofender, sin desacreditar el otro punto de vista, sin burlarse. Es tratar de entender de dónde viene eso que siente la otra persona, es intentar explicarse con el objetivo de hacerse entender, no de implantar una idea como verdad.

Respetar puede ser difícil, muy difícil si uno ha estado acostumbrado al trato desigual o a la idea de «tolerar». Así como el machismo y el clasismo, es difícil darse cuenta del punto desde el que uno interactúa, hasta analizar lo que se hace, lo que se dice. Lo más sano es equilibrarse y darse cuenta del lugar en el que uno está: el mundo no se va a acabar si uno se detiene a pensar qué siente, qué está haciendo, por qué está reaccionando de determinada forma.

Lo más práctico y exitoso entonces será escoger a una persona con la que seamos más compatibles en valores, metas y creencias porque de lo contrario respetar se vuelve un árduo trabajo, va a haber discusiones, peleas. Además uno debería escoger a personas que ojalá tengan más inteligencia emocional que uno, que lo ayuden a desescalar la situación, porque la inestabilidad sólo propicia que ambos se hieran.

Nadie, ni siquiera yo tengo derecho a usar mis experiencias o sentimientos en mi contra. Estoy trabajando en todo lo que dejé de lado por pretender que estaba bien, me estoy haciendo consciente de las malas decisiones que he tomado y por qué las he tomado. Y estoy sacando de mi vida a las personas que no sólo no aportan, sino que no tienen nada qué ofrecer.

No le encuentro cierre a este post. Espero que esta historia les sirva para caer en cuenta de un par de cosas, que tomamos por sentado pero que en realidad son violencia, porque hacen daño, porque son irrespeto, porque es desigualdad. Hay líneas que no se deben cruzar. Para mis amigos hombres, espero que esto les llegue y que así no entiendan realmente la perspectiva que les planteo, sí cuestionen la cantidad de conceptos machistas que tienen: las palabras que usan como insulto y las palabras que usan para referirse a una mujer, la forma en la que hablan de las viejas con sus amigos, si realmente las tratan como igual, lo que opinan de situaciones como esta. Lo que dicen cuando se alteran.

Si al menos lo dudan, basta.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Oscar Diaz dice:

    Cuanta sabiduría surge de estas situaciones complejas.
    Generalmente leo tus entradas en mi mail y tomo varias lecciones de lo que escribes. Historias como la tuya son muy valiosas para abrir los ojos y darnos cuenta cuanto daño podemos hacer al otro y a uno mismo en el camino, en verdad es necesario tomarse el tiempo de detenerse y pensarse a si mismo, cosa que nuestra cultura falta de educación emocional no propicia.
    Me parece importante el apunte de la equidad, siento que en verdad es fundamental, entenderse como parte de un todo, un todo que se mueve (o debería) en torno a un objetivo en común, ambos deben empujar, sin eso las cosas no progresan.

    Te envío un abrazo lleno de energía para estas épocas.

    1. Creo que ése es el término: no tenemos educación emocional… Gracias por tus palabras Oscar, un abrazo fuerte fuerte!!!

      1. Dani dice:

        Hola,

        Muy bien escrito y además con una sinceridad brutal, que no deja ningún aspecto de este tema tan complejo sin explorar. Se nota que viene de un lugar muy hondo.

        Ese “me partí” es conmovedor: el momento en que uno se vuelve consciente de lo que no ha querido admitirse a si mismo, y que desafortunadamente le llega a través de la ira o la condescendencia de otro.

        Felicidades por estas maravillosas, aunque dolorosas, reflexiones.

  2. FotocamG dice:

    Muchas gracias por compartirte entrada a entrada del blog… considero ese un ejercicio emocional admirable.

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